SERRANÍA DE GRAZALEMA Parque Natural
SERRANÍA DE GRAZALEMA             Parque Natural
Interior del Pinsapar. Foto. A. Barroso Robles
El torreón o Pinar. Foto. A. Barroso Robles

Este itinerario comienza en las proximidades del Km. 17 de la carretera que conduce a Zahara de la Sierra desde Grazalema, en un lugar conocido como los Areneros, donde existe un área de descanso y aparcamiento para los vehículos. Antes de comenzar a ascender por el camino que transita por la sierra para culminar en el Puerto de las Cumbres de 1.234 m., podremos tomar nota de un panel informativo sobre las distintas aves que viven en el área de reserva del Pinsapar. Este camino siempre ascendente, transita por una zona de pinos de repoblación en la que podremos ver varias especies vegetales que en otro tiempo ocupaban toda esta ladera: encinas, matagallos, majuelos, torvisco, etc,. Desde varios claros que nos dejan ver la espesura de los pinos, obtendremos buenas vistas de la sierra, destacando la Sierra del Endrinal con sus cumbres principales, Grazalema y a lo lejos las sierras que limitan con la provincia de Málaga y gran parte de la Serranía de Ronda. Aunque quizás la montaña que más acapare nuestra atención sea la cara norte del Peñón Grande.

Una vez en el puerto de las Cumbres tendremos las primeras panorámicas de la zona de reserva y los Pinsapos, pero principalmente atenderemos a interpretar las sierras que nos rodean. A nuestra izquierda se eleva el Pico de San Cristóbal (1.555 m.s.n.m.), al fondo, el Valle del Revés y las sierras que lo resguardan de izquierda a derecha, en un cordal formada por las Sierras de Hinojar, Blanquillo, Cerro del Pilar, Cerro de la Cornicabra y Sierra de Zafalgar, culminando estas en el puerto del Horno de la Miera. Más adelante, continuando nuestro camino por la base del pico de San Cristóbal, un gran río de grandes rocas cruza y baja a los más profundo de la hondonada, aquí veremos varios arces que crecen junto al camino y un poco más adelante un mostajo (Surbus aria). El mostajo es un arbusto o pequeño arbolillo de naturaleza caducifolia, la corteza es lisa, de un color gris plateado, las hojas son simples de forma ovolanceoladas e irregulares, dentadas, el haz se presenta de color verde intenso y el envés posee una pubescencia blanca; florece el mostajo en los meses de mayo a junio con flores pequeñas de color blanco, el fruto es una drupa algo carnosa que es verde al nacer y de color rojo oscuro al madurar. Merece la pena disfrutar de él, quedan pocos. El canchal se encuentra colonizado por arbustos como endrinos, majuelos, rosales silvestres etc., muchos de ellos parasitados por muérdagos que forman una masa impenetrable a cuyos pies crecen eléboros. Más adelante llegamos al puerto del Pastizal, desde donde observamos la primera de las vistas impresionantes del Pinsapar: los pinsapos crecen en los límites de las Caídas de la Sierra del Pinar, la cual los protege de forma natural de las grandes solanas del estío, vemos que es una masa joven y vigorosa lo cual nos hace pensar en su latente conservación y respeto.

Aquí, en el puerto del Pastizal, podremos subir unos metros más arriba y observar un pozo de la nieve construído en un promontorio, donde se guardaba la nieve que era transportada en realas de bestias a distintos lugares de la provincia. Aunque esta actividad era más bien realizada en los pozos de la Nieve de la sierra del Endrinal y en los que están entre el San Cristobal y el Monete. A partir de aquí el camino comienza a bajar y poco a poco nos introduciremos en este maravilloso bosque, sin dejar de advertir antes la forma tan espectacular que tienen los Pinsapos para enraizar: los vemos en las grietas de la caliza bastante fisurada y prácticamente en un palmo de suelo fértil.

Una vez en el interior del bosque de pinsapos, todo nuestro interés se centrará en admirar y estudiar algo más sobre este árbol y su ecosistema. El pinsapo (Abies pinsapo) es un árbol de tronco recto y de altura media entre los 20 y 25 m.; su corteza, delgada y de color grisáceo tiene una textura lisa en los mas jóvenes y más agrietada en los árboles más veteranos. De porte cónico, el pinsapo, como anteriormente hemos comprobado creciendo de forma aislada, presenta ramas hasta su base;sin embargo, el follaje es tan denso en el interior del bosque que el mismo árbol lleva a cabo una autopoda de las ramas inferiores, al no recibir la luz suficiente para realizar con normalidad su crecimiento. Las ramas principales se distribuyen de forma verticilada, en grupos de 3 a 5 que brotan a la misma altura del tronco, vemos que los nudos de las ramillas se trifurcan en 2 brotes laterales y uno hacia abajo. Sus hojas son de color verde oscuro, cortas, pinchudas y rígidas, aumentando su grosor en los individuos más adultos; insertadas alrededor de la rama en todas direcciones. Nuestro sendero cruza varias torrenteras o casqueras. Si observa una de ellas vemos que consta de tres partes claramente diferenciadas: hacia arriba vemos que actúa de centro de recogida de estos materiales; en la parte media, que es donde nos situamos, es el lugar donde se aglutinan y forman una lengua de derrame arrastrando todo lo que encuentre a su paso; y en la parte baja de la montaña, se abre para formar grandes pedreras donde descansar.

En algunos lugares del bosque y sin dejar el camino, los pinsapos nos dejan asomarnos al pico del Torreón de 1.654 m. máxima altura de la reserva y de la provincia. Poco a poco, a medida que abandonamos la masa principal de los pinsapos, vemos algunos quejigos que alternan con el resto de la vegetación del Pinsapar. Vemos algunos troncos de pinsapos bifurcados debido a la tala a la que fueros sometidos en épocas pasadas. Si nuestra visita se realiza en los meses de septiembre u octubre, veremos el fruto del pinsapo; las piñas se desarrollan en la guía terminal del árbol, de forma cilíndrica entre los 10 y 15 cm. de larga y 3 ó 5 de gruesas. Los piñones son muy pequeños y de forma triangular. Su diseminación se ve favorecida por un ala menbranosa que les sirve para desplazarse con la ayuda del viento. Resulta sobrecogedor andar por este bosque, contemplar y comprender que nos hallamos en un lugar privilegiado y único en el mundo, de esta forma llegaremos a conectar con la naturaleza que aquí se nos presenta pura y salvaje. Llagamos a una pradería llamada el Puerto o Llano de los Vientos. Desde aquí observamos todas las caras norte de los tajos de la Sierra del Pinar, llamadas las Caídas de la Sierra del Pinar, formadas por rocas de color blancuzco y de aspecto compacto, a cuyos pies se extiende la gran masa de pinsapos entre los que despuntan los quejigos, contrastando su color verde claro primaveral con el verde oscuro del pinsapo.
En dirección al Puerto del Pinar, a unos 1.000 m.s.n.m., aprox, nos detendremos para obtener nuevas perspectivas de la enorme Sierra del Pinar donde destaca la característica silueta de la Atalaya o Pico del Águila, flanqueado a ambos lados por sus dos canales W y E, continuando con sus dos afilados espolones rocosos. Esta montaña, admirada por montañeros fue ascendida y escalada por primera vez en el mes de Junio de 1.972 por J. Belmonte y M. Gil y tres meses después escalarían la arista norte; en 1.973 ascienden la canal oeste, todo un hito en la realización de las actividades montañeras en aquellos tiempos. Sobre las repisas de estos cantiles se asientan una nutrida colonia de buitres leonados, a los que seguiremos en desplazamientos por gran parte del área gracias a sus grandes alas y al aprovechamiento de las corrientes de aire ascendentes donde se mantienen para desplazarse a grandes distancias sin mover un músculo de sus alas. El águila perdicera también se deja ver por estos lares inconfundible por su silueta en vuelo con el vientre blanco y la cola barrada.
Desde las proximidades del puerto del Pinar nos dirigiremos por la pista forestal, en dirección a lo que queda de un antiguo caserío llamado la Casa del Guarda o conocida por la gente de la sierra como la Casa del Pinar, ya que los lugareños denominan pinar cuando se refieren al Pinsapar. Aquí podremos tomar agua en una fuente de reciente reconstrucción. Cruzaremos el arroyo del Pinar para tomar de nueva la pista y comenzaremos el descenso hacia Benamahoma.
Continuaremos contemplando las empinadas laderas que bajan de las crestas pobladas de encinas, las cuales evitan entre otras cosas el desplazamiento de las rocas. Comprobamos al descender que la vegetación va cambiando y va siendo ocupada por la cubierta arbórea y arbustiva de la típica vegetación mediterránea donde los quejigos buscan el frescor del arroyo, el cual exceptuando las épocas de lluvias rara vez lleva agua. Veremos a nuestra derecha construcciones realizadas para contener el desplazamiento de las rocas que bajan de las caídas de la Sierra del Pinar y que desaparecen en el fondo del barranco, entre los árboles y arbustos que a duras penas sostienen el envite de las piedras.

Después de dar varias vueltas intuimos que Benamahoma se encuentra cerca, pasaremos por una cancela y como recompensa a nuestra travesía disfrutaremos de las aguas frescas del nacimiento.

Atardecer sobre la Sierra del Pinar. A. Barroso
La Gente de la Sierra. Foto. A Barroso
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© Antonio Barroso Robles

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