SERRANÍA DE GRAZALEMA Parque Natural
SERRANÍA DE GRAZALEMA             Parque Natural
Por las Laderas del Mures bajan los Puertos de Ronda. Foto. A. Barroso Robles

Podríamos acceder a este itinerario desde la localidad de Montejaque, dirigiéndonos hacia Benaoján por la CA-506; o bien, bastaría por pregruntar en esta última población por el camino del Pto. de Ronda. Tras unos quinientos metros de carril, cruzamos a nuestra mano derecha el arroyo de Montejaque y unos metros más adelante podremos dejar el vehículo en un rellano junto a una cabreriza. A partir de aquí el camino comienza a ascender, y en su caminar nos recuerda, por aquello de los zigzag, al camino de Montejaque a Ronda. Vamos ganando altura y vemos cómo crecen buenos retales de olivos y almendros dispersos que florecen a finales de enero, dándole una pincelada de color al paisaje.

Más adelante nos recreamos en los pequeños trozos que quedan de la antígua calzada empedrada, hoy día casi desaparecida. Si volvemos la vista atrás podríamos retroceder al pasado e imaginarnos cómo fue esta vía de comunicación, antaño utilizada, entre otros menesteres, para llevar el ganado a Ronda. Más adelante, a la altura de la Pasada de la Cañada de Gibraltar, en Huertas Nuevas, se unirá al anterior
recorrido compartiendo el tramo final hasta la capital serrana. Acompañan al camino dos muros de piedras orientados al Norte, entre cuyas grietas crecen doradillas y el Ombligo de Venus. El camino traza una curva en la antesala del Puerto de Ronda asomando a nuestra izquierda Montejaque, entre las sierras de Canchuelo y el Hacho, del que destaca su espectacular cara sur dibujada por infinidad de perfiles, con su impresionante arista cortada a tajo con mas de 300 metros de caída vertical. Por estos lares es fácil avistar a la collalba negra (Oenanthe leucura), a la que sorprenderemos fácilmente posada en una roca, identificable por su sencillo pero uniforme plumaje de color negro y su inconfundible obispillo blanco; éste es bien visible cuando se agita o emprende el vuelo ante nuestra presencia, en busca de un nuevo posadero cercano a los terrenos cultivables de los alrededores, donde dará caza a insectos de los que se alimenta.

Una vez hallamos llegado al puerto, daremos un último vistazo a Benaoján, a cuya espalda se levanta la Sierra de Benaoján con su máxima altura en el Ventana, de 1298 m.s.n.m.; separada por una pequeña depresión de la Sierra de Juan Diego, por cuyo fondo discurre el carril que accede a los Llanos de Pozuelo y Líbar. Un poco más adelante el camino se abre en dos y tomamos el que desciende, el que se nos abre a la izquierda sube a una zona de olivar al Caserón, una antigua casa donde se concentraban las tareas agrícolas y las propias del olivar. Continuaremos por el camino en cuyoslinderos crecen espinos majoletos, algunos de ellos forrados de clematides (Clematis vitalba) , y pitas (Agave americana), planta por la que venían de otras zonas de la provincia y de distintos puntos de Andalucía, para fabricar cordel o cuerda con el que hacer utensilios como las alpargatas utilizadas por cabreros y pastores. Este lugar por el que pasamos ha sido sembrado de olivos jóvenes que después de mucho trabajo, crecen aquí en el poco terreno cultivable que existe. Este lugar, al que los lugareños llaman “el Baldío”, era utilizado para abastecer de pasto al ganado.

Junto al camino, un llanete cercado por rocas naturales nos sirve como balcón natural ofreciéndonos una amplia visión, a vista de pájaro, sobre esta parte de la comarca del Valle del Guadiraro. Desde esta magnífica atalaya observaremos un largo trecho del río y los muchos meandros que forma en las cercanías de la Cueva del Gato, la cual vierte sus guas después de recorrer las entrañas de la Sierra. De nuevo volvemos al camino donde aún quedan restos de su primitiva calzada. A nuestra derecha se observa al fondo el Pto. del Viento, los campos de la población malagueña de Arriate y la Ciudad de Ronda, todo ello en un marco lleno de contrastes que nos transportan a como fueron estos lugares frecuentados por tantas personas, que llenaron infinidad de páginas de la historia de la Serranía de Ronda.

A nuestra izquierda se elevan unos contrafuertes rocosos, en cuya base vemos corrales o apriscos para el ganado, instalados aprovechando las grandes oquedades de la roca donde resguardar al ganado los días que no se sale a la sierra. Crecen en grietas y palmos de terreno retamas y numerosos acebuches, variedad silvestre del olivo, alguna que otra pita y muy repartidos por la pendiente palmitos (Chamaerops humilis), algunos de ellos de gran porte. El palmito es una planta de la familia de la palmera, de todas las que existen en el mundo ésta es la única que crece de forma espontánea en Europa; las hojas tienen forma de abanico dividida en mas de diez tiras ligeramente rígidas y algo punzantes al tacto. Como hemos visto en anteriores ocasiones por la sierra y ahora aquí, es una planta característica de suelos secos y muy soleados, que crece en lugares pedregosos y zonas abarrancadas. Fue utilizada antaño para hacer pleitas; con ellas se manufacturaban sombreros y otros utensilios después de un tratamiento que se le daba a las hojas recogidas durante los meses del estío. Conforme descendemos pasaremos junto a un acebuche de gran tamaño de donde parten algunos ramales de senderos. Continuaremos siempre por el más marcado y que siempre desciende. Vemos curiosamente varias adelfas y en la base de las rocas abre sus grandes y aterciopeladas hojas la planta de verbascum. Entre estos bloques de piedras veremos cruzar velozmente al Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros); si lo observáramos con detenimiento, siempre que no esté alterado, que es cuando suele agitar la cola con repetidos movimientos, comprobaremos el porqué de su nombre, aludiendo el color rojizo de la cola y el cuerpo negruzco como el tizón. Poco a poco llegamos donde crecen encinas; encontraremos trazos del antiguo camino, acompañándonos en breve, a nuestra derecha, la línea férrea. Caminamos por la Cañada del Campo de Gibraltar a Ronda teniendo a nuestra izquierda el Guadiaro. Pasaremos por huertas y campos de labor instalados donde el río forma grandes meandros; nos llama la atención un enorme fresno que crece a nuestra izquierda. De vez en cuando parten algunos carriles en dirección al río y a varias casas
diseminadas entre árboles frutales. Con la llegada de la primavera veremos bandos de abejarucos (Merops apiaster) posados sobre los cables, tarabillas, carboneros y otras aves propias de estos medios, pues a nuestra derecha se cultivan cereales a los que acuden aquellas en masa. Pasaremos por unas instalaciones dedicadas a la cría del cerdo, varios regatos de arroyos cruzan el carril en dirección al río que por estos lares posee buenos retales de vegetación arbórea; fresnos, chopos, sauces etc, aunque también podemos apreciar lugares donde la vegetación escasea, encontrándose en fases de degradación. Llegaremos a la pasada de Gibraltar y cruzaremos la vía ¡precaución!. Tan sólo nos queda llegar a Ronda como lo hace el itinerario anterior y si tenemos tiempo podremos visitar esta bonita localidad: el Tajo excavado durante siglos por las aguas del río Guadalevín, su extraordinario centro histórico y artístico de los siglos XIII a XIX, así como el Mercadillo y el barrio de San Francisco, de origen árabe, en cuyo interior se instaló la antigua medina musulmana y la Colegiata, templo romano y mezquita, la Puerta de Almocábar enclavada en las murallas donde se concentraron en mayo de 1485 las tropas castellanas que pusieron fin al dominio musulmán de Ronda. Ronda atrajo a viajeros románticos, literatos, pintores y artistas de todo el mundo, desde Plinio a Carter, Richard Ford, Gustave Doré que fueron dando a conocer los excepcionales valores culturales que esta ciudad posee. Merece la pena.

Atardecer sobre la Sierra del Pinar. A. Barroso
La Gente de la Sierra. Foto. A Barroso
Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio Recomendar esta página Recomendar esta página
© Antonio Barroso Robles

Página web creada con 1&1 Mi Web.