SERRANÍA DE GRAZALEMA Parque Natural
SERRANÍA DE GRAZALEMA             Parque Natural

Para acceder a este itinerario, tomaremos la carretera MA-505 que parte de la A-376, en el cruce de la venta de la Vega, aquí podremos dar cuenta de un buen desayuno y continuar en dirección Montejaque, pasando por los aledaños del pintoresco cortijo de las Piletas. A unos tres kilómetros y medio aproximadamente a nuestra derecha, se encuentra un amplio llano de donde parte un carril que entre retamas comienza a descender en dirección a Hundidero.

Bajamos por un camino amplio, desde donde contemplaremos al este la Sierra del Mures de 871 m.s.n.m. A medida que descendemos tenemos la primera vista general del marco que encierra esta ruta. Advertiremos la presencia de una plantera de eucaliptos a nuestra izquierda y un poco más abajo, una casa y los restos que quedan de otra vivienda que se levantó con motivo de la construcción de la Presa del Guadares.  El eucalipto (Eucalyptus camaldulensis) es un árbol cuyo sistema radical penetra profundamente en busca de agua, superando sus raices en envergadura la altura del árbol. Como vemos el tronco es sobrio y grueso, de color pardo castaño a rojizo, que se renueva todos los años desprendiendo trozos de placas repartidas por el fuste, dejando al descubierto la nueva corteza blanquecina. De todos es sabido su dureza en cuanto a soportar la sequía, al contrario que las heladas las cuales les afecta enormemente aún más en la sierra. Esto podemos verlo en los retales que crecen en los aledaños del Pto. del Boyar. En cuanto a la altura, éstos se elevan hastá 15 y 20 metros aunque pueden llegar a los 40 m, como el que crece junto al albergue en Cortes de la Frontera. Por otro lado parece ser que este árbol toma su nombre de una región australiana, del Hortus Camaldulensis, que fue un antiguo jardín botánico de Camaldoli, en la región de la Toscana, Italia, lugar donde se cultivaba este eucalipto.

Aparece su descripción por primera vez en 1832. La Presa del Guadares, que en su tiempo fue una obra de ingeniería de las más importantes del país, es propiedad de la Compañía Sevillana de Electricidad, cuyo destino, después de embalsar las aguas del río Guadares, sería el aprovechamiento hidrológico. Desde los comienzos de su cimentación en el año de 1922-1924, surgen una serie de grietas que con la lógica preocupación de la empresa se intenta solventar a base de hormigón inyectado, pero sin recibir solución el problema. No obstante, se recurre en años posteriores a buscar una salida al freno de las filtraciones que se venían produciendo en el fondo y en los laterales del embalse, aspecto este motivado por la naturaleza caliza del terreno, muy karstificado. Después de varios años de intentos frustrados por corregir las pérdidas de agua, se llegó a la evaluación del abandono de dicha obra hidráulica.

Nos encontramos frente al cartel que nos explica el sistema hidrogeológico de Hundidero-Gato. A este lugar, podremos volver, si deseamos dar la vuelta completa, por un sendero que parte a nuestra mano derecha y que contornea un pequeño cerrillo, coronado por un grupo de pinos de repoblación, desde el cual se nos ofrecen bellas panorámicas de la sierra y en particular de la presa y el cerro Tavizna de 906 m.s.n.m.

Desde aquí el sendero continúa en descenso entre algunas retamas y en una treintena de metros, un pequeño rellano nos invita de nuevo a contemplar el valle formado por la cuenca del embalse. Sobre un espolón rocoso, a su derecha, vemos los distintos niveles que supuestamente marcarían las capacidades de agua embalsadas. Continuamos pasando por los rebosaderos de esta añeja presa, y más abajo cruzamos un arroyo de curso pluvial donde crecen adelfa, espinos majoletos y algunas higueras. Este arroyo baja vertiginosamente en dirección al fondo del barranco, donde se une al Guadares, internándose más adelante en la cueva del Hundidero. Antes de descender casi en picado podemos hacer un alto en el camino en un lugar que se presta a ello, y contemplar la gran mole caliza que se levanta ante nosotros. Observaremos algunos de los moradores alados que habitan en las grandes grietas que se reparten por la geografía de la pared; veremos las idas y venidas de las palomas bravias, vencejos... posados sobre los riscos al roquero solitario, con algo de suerte veremos al águila azor perdicera y si nuestra visita la realizamos en primavera o verano, admiraremos el vuelo del alimoche, que aquí, en lo mas intrincado de la sierra
encuentra un lugar donde llevar a cabo su reproducción.

Resulta muy gratificante ver volar a esta ave con sus planeos y círculos que dibuja una y mil veces en el cielo. En los últimos 25 años, este buitre, el menor de todos ellos, ha sufrido un palpable descenso de sus efectivos. En la década de los 70 su estimación era cercana a las 50 parejas y en la actualidad sólo quedan menos 30, de las que algo menos de 10 nidifican en los limites del Parque Natural Sierra de Grazalema. Su envergadura alar es de 146-165 cm. Si advertimos su presencia sobre una peña, podremos comenzar contemplando una de las características más sobresalientes para su identificación: su rostro desprovisto de plumas y de color amarillento, dibujándole la cara una corona de pequeñas plumas blancas y el pico ligeramente curvado que le sirve para arrancar pequeñas porciones de carne, ya que se alimenta de animales muertos. Si nuestra visita la efectuamos al final del verano y la suerte nos acompaña veremos al joven alimoche junto a sus padres preparándose para el largo viaje de vuelta para pasar el otoño y el invierno en el África Subsahariana.

Continuamos descendiendo con algo de cuidado por las escalinatas y llegamos al fondo del barranco donde de nuevo nos llama la atención la vegetación que crece en un lugar algo degradado: adelfa, higuera, plantas trepadoras e incluso una pequeña plantera donde crecen almeces, de cuyo fruto buena cuenta dan los mirlos y otros pájaros del lugar. Veámoslo detenidamente. El Almez (Celtis ustralis) es un árbol de hoja caduca, con forma ovada y lanceolada con el margen finamente dentado, de un color verde algo oscuro y lustrosa. La corteza lisa y gris claro, al contrario que otros árboles no pierde la textura con la edad, con la que llegará a medir hasta 25 m. de altura y a desarrollar una copa ancha con forma esférica. Florece entre los meses de marzo y abril con pequeñas flores de color amarilloverdosas que le salen de las axilas de la hoja con las ramillas. Su fruto (drupa) de un cm. de grosor que de color amarillento, va tornándose negro al madurar y es comestible. El nombre de Celtis se debe a los romanos que así llamaban a una especie de loto, ya que el fruto del almez guarda un cierto parecido a los del loto. Su nombre de australis, se debe a su distribución por el sur de Europa, si bien, es más frecuente en la zona oriental del mediterráneo y menos en la occidental. Por el contrario, en Andalucía es escaso en estado salvaje e incluso se le considera especie amenazada.

Pronto descendemos y llegamos a una construcción en forma de pozo. Más adelante se abre ante nosotros la impresionante Cueva del Hundidero, a la que accedemos en un breve paseo para contemplar y quedarnos perplejos ante tanta magnitud rocosa, admirando las caprichosas formas que toman las paredes con infinidad de tonos y luces, invitándonos a la reflexión. En honor a la verdad, esto se ve interrumpido por la suciedad del suelo y de las pintadas en las rocas de la cueva. Llevaos la basura, no utilicéis este lugar como basurero, pensad en cuantas personas vendrán a contemplar este lugar tan lleno de historia y que por su naturaleza os sorprenderá.                                      

Entrada a la cueva de Hundidero-Complejo Hundidero-Gato. Foto. Felipe Orellana Ortega
Atardecer sobre la Sierra del Pinar. A. Barroso
La Gente de la Sierra. Foto. A Barroso
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© Antonio Barroso Robles

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