SERRANÍA DE GRAZALEMA Parque Natural
SERRANÍA DE GRAZALEMA             Parque Natural
El Martin Gil desde el Guadiaro. Foto. A. Barroso Robles
Estacion de Benaojan-Montejaque. Foto. A. Barroso Robles

Las Sierras de Líbar y el Valle del Guadiaro se sitúan en la zona occidental de la Serranía de Ronda con parajes que ocupan zonas del Parque Natural Sierra de Grazalema y del colindante Parque Natural de Los Alcornocales. El río Guadiaro preside este valle en el que se integran cuatro municipios bien comunicados entre sí: Montejaque, Benaoján, Jimera de Líbar y Cortes de la Frontera; con accesos desde Ronda, Gaucín, Ubrique y Jimena de la Frontera, además cuenta con la línea férrea Algeciras-Bobadilla, existiendo sus correspondientes núcleos urbanos conocidos como Barriadas: de Cortes de la Frontera, la de Jimera y la Estación en Benaoján, con estaciones propias y con un trazado de los más bellos de la Península Ibérica.

El itinerario que proponemos en esta ocasión nos lleva a conocer una parte de este valle y por consiguiente la comarca del Valle del Guadiaro. El camino transita paralelo al río Guadiaro y en las cercanías de la línea del ferrocarril, con lo cual podemos volver al punto de partida en este medio de transporte desde el que disfrutaremos de hermosas vistas del conjunto del valle. Tiempo atrás quedan en el recuerdo las elocuentes palabras de A. Barbey nieto de Edmund Boissier que tras un viaje de carácter forestal que lleva a cabo por Marruecos, visita la sierra en Abril de 1927 y en su incursión en tren hacia Ronda comenta:

 

A medida que la línea férrea se eleva por encima del llano de Gibraltar, cuánto desfiladero del río Guadiaro aparece con sus verdes especies en floración, ¡Qué contraste con la monotonía de la llanura del Gharb ¡ el interior inmerso con sus palmeras enanas, alternando con los campos de trigo y avena, es, en efecto, de una desesperante tristeza. Es verdad que, cuanto más se aproxima a Tánger, más se anima el paisaje. La zona española es incuestionablemente más pintoresca y atrayente que la francesa”.

 

 Partiremos de la estación de ferrocarril de Benaoján-Montejaque, cruzaremos el paso a nivel pasando por las últimas viviendas que se dirigen hacia el puente, que cruzaremos tomando el camino de la derecha donde existe el cartel de indicación del itinerario, que como desgraciadamente suele ser habitual, encontraremos destrozado. Más adelante pasamos por una casa donde crecen varias palmeras canarias (Phoenix canariensis),nombre que desciende del griego, (haciendo alusión a la región: Fenicia, donde los griegos en la antiguedad vieron palmeras; y Canariensis, nos revela el lugar de las islas que procede). Vemos a nuestra derecha la población de Benaoján asentada en las laderas pétreas de la Sierra de Benaoján y allá en lo alto el pico de Ventana con 1.298 m.s.n.m. Un poco más adelante, rodeados de añejos olivos, tomamos el camino de la izquierda y transitamos entre encinas y especies  propias de este bosque. A nuestra derecha se encuentra el cortijo de la Fresnedilla. Descendemos y observamos el tajo de la Dehesa, con sus características tonalidades naranjas y grises de la roca caliza, todo esto en un ambiente sumamente serrano donde se encuentra otro típico caserío con el nombre de la Dehesilla, lugares que poco a poco nos invitan a continuar y a disfrutar de esta ruta. Tras una revuelta que da el camino, ahora convertido en senda, nos encontramos con el Cortijo del Arroyo del Agua, hoy en ruinas, donde crecen varios árboles frutales, destacando un gran laurel (Laurus nobilis), que siendo un arbusto aquí destaca por su disposición arbórea, la cual veremos durante todo el año verde, escasísimo en la sierra creciendo de forma natural y del que aparte de otras aplicaciones que se utilizaban antiguamente hoy día se recogen sus hojas como condimento para las comidas. Los griegos llevaron el laurel a tierras italianas hacia el año 300 a.C., con sus ramas entrelazadas se tejía la ansiada corona de laurel, que se le otorgaba a los guerreros invictos, los emperadores,
los rapsodas y a los poetas como atributo de la reputación y la ciencia.
GUÍ

Cruzamos el arroyo del Pozo del Moro por un puente construido recientemente y el camino se angosta situándose en la proximidad del río. De nuevo comienza a ascender con suaves repechos y a tener buenas vistas del río y la vegetación que lo acompaña, destacando árboles como el fresno, y como nota curiosa varios setos de caña (Arundo donax), planta con muchos tallos de más de cuatros metros de altura que genera la misma, y que conocemos como cañas; éstas no se ramifican, teniendo en toda su longitud una serie de nudos de donde nace una hoja grande y sus flores son esas que aparecen en la punta terminal en forma de plumero. Con sus tallos se construyeron en antaño cobertizos y el popular cañizo, aparte de otros aprovechamientos para varias plantas de huerta como tutor de sus tallos, huertos que vemos en las cercanías del río aprovechando las tierras fértiles y el agua para el riego donde es posible ver el arado del terreno tirado por bestias y con el esfuerzo del campesino. Adelfas, tarajes...arbustos que dominan esta parte de las margenes del río. El taray o taraje (Tamarix africana) es relativamente abundante en el parque e incluso lo veremos en lugares donde no es normal que crezcan, ya que gusta de sitios húmedos y principalmente, como lo vemos aquí, en las riberas del río de suelos relativamente arenosos. Florece desde junio hasta agosto. Sus flores son pequeñas y rosadas, aparecen agrupadas en forma de racimo. Con algo de suerte veremos la garza real (Ardea cinerea), y aves propias de estos lugares que nos visitan en la estación estival como la oropéndola (Oriolus oriolus),de colorido amarillo brillante con las alas negras en el macho; y verde amarillento el cuerpo, cabeza y blanco rayado por debajo, en la hembra. Es difícil de avistar, ya que gusta de esconderse en las ramillas terminales de los árboles donde construye el nido en forma de cestillo, que se delatará con la llegada del otoño. Realmente es una pena ver cómo este río, arteria principal de la comarca, baja en dirección al mediterráneo con síntomas claramente preocupantes de suciedad y contaminación. Más adelante atravesamos una hangarilla y continuamos por el sendero más evidente, sin abandonarlo por cualquiera de los que se nos abren a la derecha en dirección al rio. Seguimos ascendiendo suavemente, antes de descender apaciblemente en otra curva y cruzar el arroyo del Águila; a éste se le unen otros arroyos que bajan de la sierra del Alto Conio y la Umbría, con los nombres de arroyo del Tajo de María Jesús y del Quejigal respectivamente. A nuestra derecha se elevan las calizas de la mole del Palo de 1.400 m.s.n.m, y más arriba emergiendo de las laderas de Sierra Blanquilla, la cumbre del Martín Gil, del que se guardan algunos dichos populares en Cortes de la Frontera.

Nos encontramos en un lugar que nos sorprenderá por muchos motivos. Realmente es una excursión bonita, sin ninguna dificultad ni dureza. Caminamos por un encinar con majuelos, escaramujos, palmitos... que junto al paisaje que se nos presenta a ambos lados del valle y los recoletos rincones del río, nos harán disfrutar de una jornada inolvidable, aun más si la desarrollamos en los primeros días de la primavera o en otoño. Además nos encontramos en una vía de acceso que ofreció el valle del Guadiaro para la entrada de diversas culturas y que es utilizada por las aves migratorias como pasillo entre la península y el continente africano. Por estos lares el camino se ensancha un poco y transcurre acompañado de una acequia y varias traviesas de madera, construída hace muchos años por obreros contratados por la compañía férrea. Su finalidad es la de recoger y conducir hasta el río las aguas de arroyada que en días de fuertes lluvias arrastran piedras y barro sobre la vía del tren. De nuevo vemos varias vistas del valle y percibimos que llega a su fin.
Llegaremos a un pequeño olivar desde donde tomamos una pequeña senda queatraviesa la vía, ¡precaución¡ pasamos junto al río y a un huerto donde crecen nogales, en el camino veremos un caño de agua que emana de un antiguo cao. Así llegamos a un lugar conocido como el Charcón, donde abundan árboles de ribera colonizados por enredaderas, destacando la
parra o vid silvestre (Vitis vinifera) que aquí crece tomando un gran desarrollo y altura. Sus flores son pequeñas y verdes agrupadas en densos racimos, aparecen entre abril y junio para más tarde, en el mes de julio madurar el fruto (uva) del que se alimentan no pocos pájaros.

Desde aquí llegaremos a las primeras casas y más adelante a la coqueta estación de tren de Jimera de Líbar. Esta localidad, conocida desde antaño como Jnzamaraz y Ximera, tiene su origen en un antiguo poblado fenicio y fue fiel testigo de las disputas entre Pompeyo y Virato. En 1684, Carlos II funda el Condado de Jimera de Líbar, nombre que ostenta en la actualidad. Por la margen derecha de la línea férrea dirección Ronda, pasa la Cañada de Gibraltar, camino que habremos recorrido en gran parte en este itinerario. En sus cercanías converge la red de senderos periurbanos de esta humilde localidad malagueña, a la que podremos subir por cualquiera de ellos, conocidos con los nombres de: Sendero de la Cañada del Olivar, Camino de la Dehesa y Camino de las Huertas, que bien valen una visita





Atardecer sobre la Sierra del Pinar. A. Barroso
La Gente de la Sierra. Foto. A Barroso
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© Antonio Barroso Robles

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