SERRANÍA DE GRAZALEMA Parque Natural
SERRANÍA DE GRAZALEMA             Parque Natural
Calizas fracturadas en la base de la sierra del Palo. Foto. A, Barroso Robles

Conviene salir temprano de Cortes de la Frontera ya que su atractivo paisajístico, obligadas paradas y largo recorrido, nos obligará a dedicar bastantes horas en la realización de este bellísimo itinerario, convertido en uno de los más sugerentes de toda la serranía. Transcurre por una de las áreas Kársticas más significativas de las sierras vecinas de la provincia de Málaga, dentro de los límites del Parque Natural Sierra de Grazalema. Será sin duda alguna una lección práctica de geología y marco incomparable para estudiar este tipo de paisaje calizo. En sus más de 15 kilómetros de recorrido encontraremos todo tipo de formaciones de absorción y disolución de la roca caliza: poljes, simas, dolinas y lapiaces. Al finalizar nuestra excursión podremos distinguirlas y clasificarlas dando una lectura clara a lo que vemos.

Cortes de la Frontera está situada al este de la Sierra de Líbar, un valle por cuyo fondo discurre el río Guadiaro. Éste coincide en ocasiones con el límite del Parque con Málaga. Partiremos del Km. 1 de la carretera de Cortes a Jimera de Líbar por la carretera MA-549. A unos 300 metros tomaremos un carril donde comienza este itinerario. El camino se inicia paralelo al Instituto de Cortes de la Frontera; de repente nos toparemos con una cancela que nos impide el paso, cosa imcomprensible pero ahí está. En la margen derecha parte un sendero que acompaña el cauce de un arroyo y sale de nuevo al carril. Otra opción, un poco más confusa, es tomar una vereda que parte al final de la calle Camino de Líbar, y que asciende entre olivos enlazando con el camino anterior. En breves minutos llegamos a un lugar donde crece en una hondonada un magnífico olivar; este enclave es conocido como “El Valle”. Del olivo (Olea europaea) comentaremos que es un árbol de los más longevos que se cultivan en Europa. Puede soprepasar los 1.500 años de edad; árbol vecero, da buena cosecha un año y otro menos abundante. Según Andrés Laguna (1494 -1560) el olivo ha estado muy relacionado con los juegos atléticos, ya que los ganadores olímpicos eran coronados con ramas entrelazadas de olivo silvestre y se las consideraba como semejante a la medalla de oro de hoy día. Los atletas aplicaban sobre el cuerpo una capa con aceite de oliva para disponerse a pelear, ensuciándose posteriormente en la arena seca. Con ello conseguían una capa de grasa deslizante que recibía el ostentoso nombre de strigmentun. Un poco más arriba, tras unas vueltas, se encuentra un nacimiento que mantiene agua todo el año. Llenaremos las cantimploras para comenzar a subir a los Puertos de Líbar por una vereda empedrada que comienza en los aledaños de la Fuente (llamado Pilar de Cortes el Viejo). También podemos optar por continuar por el carril que traíamos, elección que no recomiendo, pues la vereda se presta más auténtica y no se pierde ese sabor serrano de los verdaderos caminos. Desde este lugar y sus alrededores, donde veremos viejos muros de piedras y pequeños huertos, se divisa una buena panorámica de gran parte del valle del río Guadiaro. Fue llamado Cortes el Viejo, enclave donde se asentaron entre otros lugares los romanos, y de donde Cortes de la Frontera tomó su nombre que significa Derkuex, baluarte o coraza.

La vereda poco a poco asciende desembocando en el puerto de Líbar. En dicho lugar a 900 m. de altitud sobre el nivel del mar, podremos hacer un alto en el camino y contemplar e interpretar el paisaje que nos rodea: las crestas del Peñón de Líbar y el Cerro del Martín Gil, las estribaciones de la Sierra de los Pinos, a nuestros pies el valle de Guadiaro y la Cañada del Real Tesoro, y más arriba se alza el Hacho de Gaucín. Continuaremos con un breve zigzag que da el camino y llaneamos en busca de los Hoyos del Espino, con buenas vistas de gran parte de las sierras deLíbar. A nuestra derecha la intrincada sierra del peñón de Líbar con sus características figuras de los modelados kársticos, tan fuertemente desarrollados en este lugar uniéndose a Sierra Blanquilla. En la bajada apreciaremos algunas flores que crecen en estas sierras más difíciles de observar en otros enclaves. Tal es el caso de la Pholomis lychnitis conocida
comúnmente por varios nombres tales como la candilera, oreja de liebre, mechera, matulera y otros más como curiosamente el matagallos amarillo. Planta endémica de la Península Ibérica y Francia. Llegamos a los Hoyos de Líbar: un amplio llano cerrado en sus bordes por las rocas calizas que han ido aportando gracias a la descomposición la tierra que se extiende a nuestros pies, donde crece una rica hierba que alimenta al ganado que por aquí pace. Es un buen lugar para hacer una parada y contemplar el paisaje. Existe un pilar con sus pilancones, algunas encinas repartidas por el llano y destaca un gran ejemplar de almendro (Prunus dulcis). Al fondo vemos la casa y un nogal corpulento que da sombra y frescor los días de verano, y calidez en invierno.
El almendro como bien vemos en la sierra esta muy repartido. En este lugar existe sólo uno, posiblemente por el acopio que se hacía de él para extraerles varas verdes como injertos para otros árboles frutales. Parece que los romanos fueron quienes introdujeron el almendro que fue cultivado desde muy antiguo. Su fruto madura durante 8 meses y es un árbol que se adapta bien a muchos tipos de suelos. Pasaremos junto a la casa que en otros tiempos fue habitada por personas que en la sierra vivían del carboneo, el ganado y todo aquello que se daba para poder subsistir. La vereda continúa por una zona de rocas y tras unas vueltas pasamos junto a las ruinas de otra casa. Un pequeño llanete nos anuncia la llegada próxima de la cabecera de los llanos de Líbar, lugar que se encuentra adehesado por grandes encinas y vetustos quejigos en un paraje conocido como la Finca de Edmundo. Sentados aquí, bajo estos grandes árboles o bien dándonos una vuelta por los alrededores podremos apreciar en la sierra cómo crecen grandes arces (Acer monspessulanum),muy dispersos, algunos de ellos enraizando en las mismísimas grietas de las rocas. Numerosos navazos u hoyos, como se les conoce aquí en la sierra, quedan repartidos en dirección al puerto del Quejigalejo, divisoria de la Sierra de Los Pinos y el Puntal de la Raya. Al fondo, a los pies de Sala Madre se alza una fuente de gran antigüedad que rezuma historia en cada piedra de su construcción. Inmersos en tan singular paraje las aves son el grupo más numeroso de cuantos animales podremos observar durante un buen rato. A la abubilla (Upupa epops) que encuentra en los huecos de las encinas y quejigos el lugar perfecto para anidar, la veremos bajo los árboles en busca de insectos y gusanillos que captura con su largo pico curvado. Su plumaje pardo rosado constrasta con sus las alas y cola blancas y negras; pero lo que más las identifica es el moño de color rosado con las puntas negras que despliega en sus facetas de cortejo o
cuando intuye algún peligro. El cernícalo también sobrevuela este lugar en busca de saltamontes y pequeñas presas. Mirlos, carboneros comúnes, pinzones...posado sobre los espinos majoletos el alcaudón común. No falta la culebra de escalera y el lagarto ocelado que sale de su escondite en las rocas de los muros buscando alguna presa. En definitiva, este lugar, por su belleza y vida animal que en él fluye, nos alentará y a la vez nos cautivará. Continuaremos por un carril en dirección norte a cuyos lados se abren grandes prados flanqueados a nuestra izquierda por las Mesas de Líbar y más adelante la Sierra de Líbar y Mojón Alto. A nuestra derecha se eleva Sierra Blanquilla y el Martín Gil, separado de la Sierra del Palo por un collado que traspone hacia el Valle
del Guadiaro, con acusado desnivel; sierras a cuyos pies crecen buenos bosquetes de encinas y grandes quejigos que en otros tiempos fueron más profusos. Poco a poco se extienden ante nosotros los Llanos de Líbar. En una vista atrás observaremos en la lejanía el macizo de la Sierra de los Pinos y el conjunto de sierras menores que cierran este valle por el sur.

Llegamos a los aledaños de la Casa o Rancho de Líbar, asentamiento rural dedicado al ganado que por estos lares pace en soberbia tranquilidad. Vamos llegando a la fuente de Líbar y dejamos a nuestra izquierda el Puerto de Líbar, paso obligado para acceder a los Llanos de Republicanos en dirección a Villaluenga. Un antiguo pozo con sus pilas casi destruido asoma a nuestra izquierda: junto al muro una cancela nos dará acceso a esta surgencia donde podremos saciar la sed. Frente a nosotros, en dirección oeste se encuentra la cañada del Abulagar, le siguen lugares conocidos como el tajo Quemado, la Cañada de las Colmenas y un buen número de tajos donde es fácil observar alguna que otra cabra montés saltando sobre los bloques de roca. Observaremos en la pequeña lagunilla formada por la fuente algunas plantas y sobre todo gran cantidad de aves que vienen aquí para beber.

Nos encontramos en el centro del Polje de Líbar o navas de Líbar, que es el nombre con el que se conoce a este lugar. Este enorme llano situado a mil metros de altitud sobre el nivel del mar, se encuentra encerrado por dos enormes alineaciones rocosas que mantienen más de 1.200 metros y que marca hacia el este el límite provincial con Málaga y Cádiz, coincidiendo curiosamente en este punto los términos de cuatro municipios, Villaluenga del Rosario, Cortes de la Frontera, Montejaque y Benaoján. Esta gran depresión cerrada posee una longitud de unos cinco kilómetros aproximadamente y algo más de un kilómetro de anchura máxima. Su fondo o suelo, donde nos encontramos, está formado por un relleno de arcillas originadas por la descalcificación de las rocas calizas que se encuentran a ambos lados de este enorme pasillo. Así, cuando vienen las aguas de lluvias toman y drenan por laberínticos cauces en dirección a los bordes de la sierra donde desaparecen en el caos del kars subterráneo, formando las espectaculares simas que se reparten por diferentes lugares del Polje.
Continuaremos el camino junto a la alambrada que nos separa de otra casa a cuyas espaldas se elevan los más de 400 m de desnivel que nos separan de la cumbre del Palo. Destaca la ladera este, un impresionante paisaje kárstico a modo de maqueta natural en el que podremos distinguir formaciones de lapiaz y derrumbamientos muy desarrollados. También son visibles a lo lejos, donde se funde la roca con el llano, las formas del Lenar, rocas surcadas por canalillos, filos cortantes y estrías. Observaremos hasta donde llega el límite, las encinas que crecen en las laderas de esta sierra, denotando la falta del árbol y retrayéndonos al pasado cómo fueron estos encinares, cuyos alfanjes se reparten por varios de sus rincones y que a simple vista no son visibles. En dirección a la última casa del llano, a la que se la llama Cortijo de Líbar, observaremos las muchas aves que vuelan por todos los rincones del lugar. Entre las más sobresalientes y que con más facilidad, si nuestra visita de desarrolla en la primavera, veremos, está la collalba rubia (Oenanthe hispanica) a la que sorprenderemos casi con toda seguridad posada sobre las estacas de la alambrada. Es un ave vistosa, con un plumaje negro en las alas y en la careta que cubre sus ojos y mejillas, y ocre claro en el resto del cuerpo. Una vez en la casa bastará con seguir el carril que desciende en dirección a Montejaque. En las postrimerías del camino veremos grandes encinas y quejigos de enormes portes difíciles de datar a juzgar por sus grandes fustes y ramajes. No obstante, estos árboles también fueron objeto de la saca de materia prima para la elaboración del carbón; podemos observar como se encuentran desmochados dejándose ver las marcas producidas por el hacha. De ambos lados del camino parten pequeños senderillos que bajan a los llanos que vemos al fondo, a los pies de la sierra del Mojón Alto. Entre las rocas y bajo algunas encinas crece la rosa albardera (Paeonia borteri) que despunta con sus bellas flores entre los meses de abril a julio. Por este lugar podremos abastecernos de agua en una fuente que se encuentra entre los árboles; a nuestra derecha subiendo unos 50 metros, cabe la posibilidad de conocer la fuente de Cufria, instalada en un rincón que transmite una enorme tranquilidad y sosiego. Más adelante pasaremos por un paso canadiense y tomaremos una amplia curva hacia la izquierda. A nuestra derecha parte una vereda que bordea las últimas estribaciones de la sierra del Palo y que llega a un amplio collado llamado el puerto de Jufrio, que enlaza con el valle del Guadiaro en las cercanías de la cueva de la Pileta, concretamente con Monte Prieto.

Caminamos entre el roquedo de la sierra plagado de encinas y algunas especies propias que acompañan a estos bosques: espinos majuelos, rosales silvestres y matagallos como especies más representativas. Una vez más nos llamará la atención las numerosas aves que viven en estos medios; paloma torcaz, pico picapinos, jilgueros, pinzones y un sinfin de pájaros que justifica el por que este paraje queda dentro del Area de Protección para las Aves en el inventario de SEO/Birdlife. Además esta zona está asignada como Complejo Serrano de Interés Ambiental en el Plan Especial de Protección del Medio Físico de la Provincia de Málaga. De nuevo pasamos por una finca dedicada a la cría del ganado que pasta bajo las encinas, mudas testigos de numerosos rebaños de vacas, cabras, cerdos y ovejas que, en otro tiempo, en montanera hacían acopio durante el otoño de la nutritiva bellota.

El camino atraviesa el llano de Pozuelo, otro Polje que sigue al de Líbar cerrado por su lado derecho por la sierra de Juan Diego cuya cumbre principal la tenemos en el Pico Ventana de 1.298 m.s.n.m.. Pasaremos junto al cortijo de Pozuelo, más adelante el camino poco a poco se cierra en una breve subida y comenzaremos a descender por este camino llamado en antaño la Vereda de la Fuente de Líbar. Dejaremos una pista que se abre a nuestra izquierda y que se interna en la sierra de Montalate. Desde aquí tendremos buenas vistas del Hacho de montejaque y de cómo se cierra el valle entre las sierras calizas del Canchuelo. Bajamos en dirección al pueblo inmersos por el silencio de la serranía, que se nos presenta agreste y solitaria, tan sólo roto por los chillidos estridentes de chovas y grajillas. Bajando en dirección al pueblo, pasaremos junto a unos tajos donde sale una vereda que traspone a unos llanos que lleva a Montejaque o bien a las cercanías de la población de Benaoján. Antes de llegar donde la pista se nos abre a derecha e izquierda obtendremos una impresionante vista del Hacho de Montejaque donde en sus escarpadas paredes anidan varias parejas de buitres leonados a los que acompañan otras aves propias del medio. El camino de la izquierda nos lleva a Montejaque junto a un olivar con buenas vistas del pueblo y la sierra; el camino derecho entra por las calles del pueblo desembocando junto a la plaza donde daremos por finalizada nuestra excursión. Carril

 

Gran parte del itinerario visto desde las alturas. Fotogrfias. Juan Manuel Garcia Cala y Antonio Barroso Robles

Atardecer sobre la Sierra del Pinar. A. Barroso
La Gente de la Sierra. Foto. A Barroso
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© Antonio Barroso Robles

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