SERRANÍA DE GRAZALEMA Parque Natural
SERRANÍA DE GRAZALEMA             Parque Natural
Al fondo los Puertos de Ronda. Foto. A. Barroso Robles

Montejaque está situada a 687 m.s.n.m., y resguardada por sus principales montañas y sierras: el Hacho de Montejaque con 1.065 m.s.n.m., el Peñón del Mures de 865 m.s.n.m., el Cerro de Tavizna con 899 m.s.n.m., y el pico Ventana de 1.298 m.s.n.m.,
todos ellos dentro del característico relieve que configura la serranía. Su nombre, de ascendencia árabe, Monte-Xaquez, quiere decir Montaña Perdida. Guarda un profundo encanto serrano, sus calles, sus gentes, su cultura... hacen de este pueblo, un lugar idóneo para tomarlo como base de las distintas excursiones que parten de sus recónditas callejuelas.

En esta ocasión saldremos de Montejaque en dirección a Benaoján. A unos quinientos metros se abre una pista que en su lado derecho está acompañada por una linde de almendros que nos sitúa en los prolegómenos de esta excursión. Esta calzada, hoy día prácticamente destruida, fue una de las vías de comunicación utilizada por varias culturas en sus desplazamientos hacia Ronda. En la actualidad sólo es utilizada por algunos lugareños, para ocuparse en tareas ganaderas o en el cuidado de los pequeños olivares que sobreviven en lo alto de estas peñas.

El camino sube y sube en zigzag, y en un tramo del mismo vemos el empedrado original de esta calzada que traslada nuestra imaginación a tiempos remotos, comprobamos cómo actualmente se encuentra cubierta por materiales de construcción y piedras incrustadas. A medida que subimos, a nuestras espaldas se eleva el Hacho de Montejaque con 1.075 m.s.n.m., y su singular silueta dibujada a corte por su impresionante arista. Un poco más a la izquierda se elevan las sierras de Montalate y de Juan Diego, en cuyo fondo se encuentra la depresión por donde discurre el camino que va a los llanos de Pozuelo y Líbar.

Una vez en el puerto pasamos por la Ermita de la Escarigüela y desembocamos en un llano, ceñido por su lado izquierdo por un muro y las rocas calizas del cerro del Algarrobo; y a su izquierda lo acompaña un olivar y algunos almendros salpicados. En el centro del llano veremos una era. Al fondo pasaremos por una casa que dejaremos para seguir avanzando entre olivos y otras plantas que crecen entre las rocas calizas. En los pequeños llanetes veremos multitud de ejemplares de lirio (Iris planifolia) con su penetrante color violeta; si la observamos de cerca vemos cómo sus hojas se encuentran reposando sobre el suelo (de haí su nombre), sin tallo, con un tubito floral de donde salen tres brotes. Aquí también podremos contemplar a otra flor de andalucía, la Vinela de hojas de alhelí (Cynoglossum arundanum) de hoja verde brillante por el haz y verde grisácea por el envés, las flores son lilas y se dispersan por las axilas de las hojas, muy bonita.

Conforme vamos caminando, ahora por un carril muy marcado, aparece al fondo una buena panorámica de Ronda y gran parte de su famoso Tajo, de cuya formación ya nos habla José Mac-Pherson en su “Memoria sobre la Estructura de la Serranía de
Ronda”, publicada en 1874. 
Descendemos entre olivos y arbustos como madreselvas (Lonicera etrusca) y agracejos (Phillyrea latifolia). A nuestra izquierda dejamos el cortijo de las Estacá y un molino de aceite por donde transcurre un arroyo, que pasa por los aledaños del cortijo de la Mimbre antes de desembocar ladera abajo en el río Guadiaro. Metros más adelante dejamos atrás el olivar y entramos en una zona de campos ondulados, sembrados de trigo y a veces de habas. De nuevo volvemos a tener buenas vistas del valle y observamos, ante nosotros la sierra del Mures; el carril toma una curva a la derecha y desciende paralelo a un arroyo en dirección al Cortijo Grande. Entre la maleza de zarzas que acompaña al arroyo, despuntan dos grandes higueras (Ficus carica) que florecerán antes de la primavera, y madurando los frutos al final del verano; estos pueden ser higos negros o blancos, asi lo refiere el dicho popular, “por San Juan brevas y por San Predro las más buenas”. La higuera, ya sea con porte arbustivo o arbóreo, también crece en paredones rocosos o entre las piedras. Su nombre, Carica, procede de Asia Menor, de donde llevaban los higos más suculentos hacia Roma. Se cultiva en el Mediterráneo desde tiempos remotos así, y en la Sierra, es común encontrarla cerca de las cortijadas. Aquí, junto al arroyo, dan cobijo y alimento a mirlos, currucas y otras aves mayores.

Hemos pasado de la sierra a zonas de labranza. Así, camino al fondo del valle observaremos posados en las ramas terminales de varias encinas que crecen aisladas, aves frecuentes en estos medios como el triguero (Emberiza calandra) con su peculiar canto chirriante que emite sin descanso. Algunas perdices se levantan a nuestro paso y veremos a las abubillas con su curvado pico buscando entre los terrones del labrado algún que otro gusanillo.  Tomamos una curva en forma de ese que cruza un arroyuelo ladera abajo, dejando a nuestra derecha el Cortijo Grande. Descendemos en dirección a la línea férrea, no sin antes dar una última vista al Peñón del Mures por cuyo centro discurre un paso natural con el nombre “El Boquete del Mures”, en sus aledaños se escribieron numerosas páginas de la historia, como el paso de bandoleros y contrabandistas que utilizaban esta vía de comunicación entre la Serranía de Grazalema y la ciudad de Ronda uniéndose a la Cañada Real del Campo de Gibraltar, ya desaparecida. Por aquí, en dirección al Mures, discurre la Cañada de los Alcornocales, que era conocida por los pastores de ambas serranías para trasladar el ganado en busca de pastos. Llegamos a la Pasá de Gibraltar y cruzamos la vía ¡ojo al tren! En dirección a Ronda pasamos junto a unas casas en ruinas y añejos árboles. Más adelante se unen los ríos Guadalcobacín y Guadalevín que vienen de horadar el Tajo de Ronda. También, en temporadas de lluvias, se une el arroyo del Cupil, formando todos ellos el río Guadiaro.

Llegamos a la carretera MA-555 y un kilómetro más delante tomamos de nuevo un carril polvoriento que asciende al Pinar de la Dehesa, llegando poco después a Ronda. Desde aquí podriamos volver a Benaoján y Montejaque, tomando el tren que nos lleva a dicha estación, aunque Montejaque nos coge algo más alejado. GUÍA      

 

Montejaque. Foto. A. Barroso Robles
Atardecer sobre la Sierra del Pinar. A. Barroso
La Gente de la Sierra. Foto. A Barroso
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© Antonio Barroso Robles

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