SERRANÍA DE GRAZALEMA Parque Natural
SERRANÍA DE GRAZALEMA             Parque Natural
Buitre Común. Foto. A. Barroso Robles

De todas las actividades que podemos desarrollar en el Parque, sin duda alguna, la travesía de la Garganta Verde es la de más espectacularidad y de las más bellas. En las cercanías del Puerto de los Acebuches, poco antes de llegar al puerto según subimos desde Zahara de la Sierra, tomaremos un sendero que parte del aparcamiento donde existe una fuente, más adelante pasa junto a un abrevadero para el ganado; el camino continúa en altura paralelo al río, que intuimos al fondo a nuestra mano izquierda, pasando entre pastizales y retamales que ocupan lo que en otro tiempo fueron poblaciones de encinas y acebuches como indica la propia toponimia del lugar. A medida que avanzamos aparecen algarrobos aferrados a las rocas  buscando una pequeña hendidura donde anclar las raíces.

Poco a poco vamos teniendo buenas vistas del conjunto de las sierras que rodean este espectacular lugar, con nombres tan elocuentes como el Cerro de los Pilones, la Cañada Verde, y frente a nosotros el monte Cambroneras de 874 m.s.n.m., cayendo a tajo sobre nuestras cabezas. En este collado y antes de comenzar el vertiginoso descenso, podremos detenernos a contemplar a los buitres y con algo de suerte varias de las rapaces que viven en el roquedo de la garganta. De todas las aves que viven en el parque no cabe duda que es el buitre leonado la más representativa, y a su vez abundante, ya que dentro de los limites de la serranía de Grazalema cuenta con unas 290 parejas reproductoras (año 1996).

Aquí sentados sobre una roca podremos detenernos un buen rato, ayudados por unos prismáticos y con un poco de paciencia observaremos a estos maravillosos seres alados. Sobre nuestras cabezas, a media altura, observaremos los desplazamientos que llevan a cabo gracias a sus grandes alas, que junto al cuerpo suman una envergadura de más de dos metros y medio. Nos llamará la atención el color de su plumaje, correspondiendo con los tonos de la roca. Lo veremos lanzarse al vacío y remontarse en altura gracias a las corrientes de aire ascendentes. Es en los primeros meses del invierno cuando llegan los dias del apareamiento y la reproducción, donde las dos aves vuelan unidas, soldadas una con la otra, describiendo deleitables vuelos casi sincronizados terminando en alguna repisa de los tajos de la Garganta. Aquí la hembra pondrá un solo huevo que incubará hasta la llegada de la primavera, donde los padres aportarán comida y protección durante todo el verano. La cría abandonará el nido al final de aquel y comenzará en pocos dias el aprendizaje del vuelo y la supervivencia.

Observaremos algunos tajos y paredones de la Garganta cubiertos de una vegetación intensa, que nos dan idea del porqué del apelativo de “Verde”. A partir de aquí debemos prestar atencion al descenso, pues en algún que otro rincón aparecen balcones naturales que nos sobrecogen de manera. Pasaremos por un lugar un tanto especial: entre una gran roca se abre el camino que ha sido tallado en forma de escalones, al parecer esculpidos por un carbonero con un cuchillo, que ante la imposibilidad de seguir el camino con la carga de carbon se vio obligado a realizar tan prodigiosa obra. (de la monografia de Zahara de la Sierra, por los hermanos de las Cuevas).

En las postrimerías del cauce vemos grandes adelfas que cobijan a numerosas plantas, como hiedras e higueras por cuyos tallos trepan las clemátides; si nuestra visita la realizamos entre mayo y junio, nos sorprenderá ver unas grandes espigas floreadas de color azulado-violáceas, dispuestas alrededor de la misma con un metro de altura, se trata de la herbácea del acanto (Acanthus mollis) cuyas hojas, según nos cuentan los naturalistas Carlos Bel y Agustín García Lázaro, quedaron inmortalizadas para siempre por el arquitecto griego Calímaco, quien las esculpió en los capiteles de las columnas corintias.

Una vez en el cauce y tras avanzar un poco sobre él, llegaremos a una zona donde existe una gran bóveda: Este impresionante cañón ha sido excavado entre materiales calizos, favorecidos por las recogidas de las aguas queen arroyada desde las laderas norte de la sierra del Pinar confluyen aguas abajo para formar el arroyo del Pinar; una vez en éste el caudal aumenta en capacidad y velocidad, penetrando y a la vez modelando los materiales calizos que son muy compactos a la meteorizacion fisica, de ahí que sus laterales sean menos erosionados, todo lo contrario a su fondo, que en algunos puntos superan los 400 metros de verticalidad. Además a esto hay que añadir que bajo su fondo, es decir las aguas subterráneas, provocaron el desprendimiento de los materiales superiores modelando la forma que conocemos en la actualidad. La Ermita de la Garganta o Garganta Verde es una gruta en el recodo del río. Como podemos apreciar tiene forma de media bóveda, con unas dimensiones de 50 metros de profundidad y 30 m de altura, aprox. En el suelo de la gruta hay grandes estalagmitas, algunas de ellas se funden con la pared. La escasa luz solar que aquí llega junto al color rosado de su techo y la vegetación, dan como resultado un maravilloso espectáculo natural.

Desde aquí se puede continuar disfrutando y apreciando las diversas formas que toman las paredes del cañón, descender por las grandes rocas pulidas por la acción del agua y asomarnos a una última curva que forma el lecho y admirar esta obra de la naturaleza. Ya desde este lugar su acceso es restringido y sólo se puede llevar a cabo, si vamos acompañados de profesionales o de los materiales necesarios para llevar a cabo los descensos necesarios para realizarlas.  



Atardecer sobre la Sierra del Pinar. A. Barroso
La Gente de la Sierra. Foto. A Barroso
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© Antonio Barroso Robles

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