SERRANÍA DE GRAZALEMA Parque Natural
SERRANÍA DE GRAZALEMA             Parque Natural
Edmond Boissier

De igual forma, la cubierta vegetal, atrajo a un notable número de distinguidos botánicos y naturalistas extranjeros, nacionales y andaluces que unas veces a pie y otras a cabalgadura, recolectaron, estudiaron e inventariaron la Serranía de Grazalema y otras sierras adyacentes, quedando reproducidas en notabilísimas publicaciones para los anales de la historia.

 

Parece ser que el valenciano Simón de Rojas Clemente y Rubio (1777-1827), discípulo
del naturalista, geógrafo y botánico Antonio José Cavanilles (1745 -1804), fue de los primeros que viajaron por la Serranía de Ronda y sus aledaños, desplazándose a Estepona (Málaga) donde es casi seguro que encontrase pinsapos, obviando que fuera una especie nueva para la ciencia.
Este admirador de Andalucía dedicó gran parte de su tiempo a la flora y la agricultura de nuestra tierra, ensalzando en un discurso las grandezas que guarda nuestra región para la práctica de estudios botánicos.

 

Recorren las Serranía otros botánicos, entre ellos Máximo Laguna (1826-1902) quien mostraba una considerable preocupación por las formaciones forestales del país y por ende de Andalucía. Publica en 1.868 un artículo sobre el pinsapar de Ronda, “Efectivamente, el pinsapar se encuentra en un estado bastante malo, pero no desesperado; Si se deslinda, se amojona, y se construye en él, o en su inmediación, una casa donde puedan vivir dos guardas, es casi seguro que en pocos años mejorará notablemente”. Pero previamente es en 1836 cuando aparece por tierras andaluzas el suizo Charles Edmond Boissier (1810 -1885) quien en 1837 recorre la serranía de Ronda y descubre a los pinsapos, dando a conocer un año mas tarde para la ciencia esta nueva especie de Abeto, (Abies Pinsapo Boiss), que junto a la publicación entre los años 1839 y 1845 de su “Viaje Botánico al Sur de España durante el año de 1837”, hacen de E. Boissier uno de los principales descubridores de la flora andaluza. Boissier es también autor de Flora orientalis, obra universalmente conocida en cuyos cinco volúmenes escritos en latin, realiza 11.681 descripciones de especies, formuló 131 géneros, 28 de ellos en colaboración con otros colegas, 5.990 especies, con 2.388 también en colaboración; entre ellas aparece la descripción del Abies pinsapo que encontró aquí, en Andalucía. Por sus estudios sobre la flora, fue reconocido en 1877 con el diploma de caballero de la Orden de Carlos III.

Otros,como G. F. Reuter (1805 -1872), también recorren la sierra en busca de inéditas especies. De igual forma se cita a Eugéne Bourgeau (1813 - 1877) como buen experto recolector de plantas en Grazalema, a Elysée Reverchon (1850 -1914) al que se debe que muchas plantas recolectadas en Andalucía están representadas en casi todos los museos botánicos de Europa.



Fruto de las investigaciones e inventarios de estos botánicos y del aporte de las reseñas floristas en la provincia y en concreto de la Serranía de Grazalema, el botánico jerezano José María Pérez Lara (1841-1918) publica en distintos artículos aparecidos entre 1886 y 1892 en los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural, su obra Florula Gaditana, considerado el primer estudio extenso de la flora de la provincia.

 

Al estudio por la flora se consolidó el interés por sus masas forestales y las distintas asociaciones vegetales que crecen bajo y fuera de las diferentes especies arbóreas. Así en 1930, el Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias, pública de la mano de dos jóvenes botánicos forestales, Luis Ceballos (1896 -1967) y Manuel Martín Bolaños (1897-1979), que recorrerían los montes y bosques de la provincia tomando datos durante los años 1.928-29-30, “Estudio Sobre la Vegetación Forestal de la Provincia de Cádiz”, abordando descripciones geográficas, climáticas, hidrográficas etc., continuando hoy día como referencia para todos aquellos profesionales y entusiastas del mundo forestal.

Años después, y completando los trabajos anteriores con muchos y nuevos nombres en la larga historia de la botánica, aparecen nuevas publicaciones sobre la flora de la Serranía de Grazalema: Rigueiro publica en 1978 el “Catálogo Florístico de la Serranía de Grazalema”. Le sigue el “Catálogo de la Sierra de Líjar en Algodonales”, por Aparicio y Cabezudo, en 1982. Ya en 1987 Consejería de Medio Ambiente, publica la “Flora del Parque Natural de la Sierra de Grazalema”, elaborada por dos prestigiosos botánicos, Abelardo Aparicio Martínez y Santiago Silvestre Domingo, acompañando la obra con magníficas ilustraciones realizadas por Gabriel de la Riva. Nueve años mas tarde, en 1996, publican una obra añadida a la anterior con hermosas fotografías en la que describen, como comentan sus autores, la flora más selecta del Parque Natural de forma más divulgativa y didáctica.

 

Los naturalistas también subieron y bajaron estas sierras, se internaron en sus bosques para observar y estudiar la vida animal, escribieron y dibujaron en sus libretas de campo una y mil notas que después se verían refrendadas en varias de las publicaciones que conocemos en la actualidad. Igualmente, varios de los botánicos anteriormente señalados, también se ocuparon de recoger apuntes de las atrocidades que se cometían en aquella época, haciendo referencia principalmente a los bosques. Ceballos y Bolaños y anteriormente Juan Gavala en 1917, hacen un llamamiento del lastimoso paisaje que presentaba el pinsapar. En los años 30 visita el pinsapar el ilustre botánico Font Quer comentando “Lástima grande que los bosques de la Sierra de Ronda no sean protegidos por el estado como parques nacionales”.


Abel Chapman (1851-1929) y Walter J. Buck (1843 -1917) en su libro “La España Inexplorada”, en 1910, llevan a cabo varias excursiones a la sierra de Grazalema y en su incursión al pinsapar escriben “El Árbol posee una personalidad singular. Aunque se vea un espécimen creciendo casualmente como una picea, sin embargo su tendencia natural es a aplastarse en la horquilla principal de donde brotan tres, cuatro, incluso una docena de retoños independientes, todos con igual vigor, y formando otros troncos verticales distintos que dan lugar a seis u ocho pinsapos separados que nacen de una base común”. Pero sin duda, lo que más llama la atención de estos naturalistas son los apuntes de carácter ornítico en los que recogen la existencia de nidos de Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) en las cercanías de Benamahoma y en la Garganta Verde.

Caidas de la Sierra del Pinar (Pinsapar) 1963. Foto. José Lobatón.
Atardecer sobre la Sierra del Pinar. A. Barroso
La Gente de la Sierra. Foto. A Barroso
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© Antonio Barroso Robles

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