SERRANÍA DE GRAZALEMA Parque Natural
SERRANÍA DE GRAZALEMA             Parque Natural
Fruto de la Encina. Foto. A. Barroso Robles

El bosque de encinar en la serranía de Grazalema es, en cuanto agrupación botánica, la más característica y a su vez la más extendida, la cual veremos prácticamente en la totalidad de las excursiones que describiremos en las páginas posteriores.

En tiempos lejanos el bosque de encinar ha mantenido en la Serranía un exceso de tala, carboneo y pastoreo, llevándolo a ocupar en la actualidad lugares de escaso desarrollo, encontrándose en lugares de escasa superficie y en general en rodales, tajos, llanos e incluso aflorando en grietas y fisuras de tajos de naturaleza caliza. Densos bosques de encinas crecían en las sierras de Líbar, el Palo y otros enclaves de las sierras sureste del Parque Natural. En la Sierra de los Pinos aún podemos hallar restos de alfanjes donde se hacía el carbón.

Pequeños bosques de encinas (Quercus rotundifolia), encontraremos en los distintos itinerarios que se describen por la zona de Villaluenga y alrededores de Benaocaz. Otros lugares de la Sierra en los que podemos observar estos bosquetes son en la zona del Llano del Campo, el Descansadero y el Cerro de las Cuevas, en las cercanías de Benamahoma. Existe un buen crecimiento y regeneración de la especie en gran parte del Parque, con espléndidos retales y ejemplares de porte corpulentos, como los que crecen en los llanos de Líbar y otros lugares apartados de la sierra. En las zonas altas suele adoptar formas achaparradas, debido este aspecto, entre otras circunstancias, a la explotación a la que fue sometido este insigne bosque. La encina es un árbol que permanece todo el año verde, sin perder la hoja con el paso de las estaciones y sí con los años, siendo de los únicos Quercus circunmediterráneos junto con el alcornoque, de hoja perenne. La corteza de la encina es muy rica en tanino, utilizándose antaño para curtir pieles y para la extracción de tintes. El fruto de la encina es la bellota, utilizada principalmente como alimento para el ganado porcino, muy rica en grasa y glúcidos.

La encina era considerada por los celtas como algo divino, conocida como Kaërguer o arbol hermoso, expresión de la que deriva el nombre latino quercus.ilex es el término con el cual los romanos llamaban a la encina, de la que se comían sus frutos crudos o asados, como las castañas, empleando su madera para fabricar herramientas y utensilios diversos, así como combustible gracias a su alto poder calorífico.

El encinar es una formación vegetal formada por un masa arbórea de considerable tronco, bajo el que se desarrollan otros cortejos vegetales de menor porte y que se distribuyen en varios estratos: arbustivo, herbáceo y lianoide, que iremos señalando a lo largo de la obra, y que son en su agrupación general los que forman el sotobosque.

Entre las especies que acompañan a la encina, encontramos muy abundante a la aulaga (Ulex baeticus), arbusto que en general encontraremos achaparrado, aspecto este que puede ser debido a los fuertes vientos secos que se registran en la zona, denso y enmarañado, muy espinoso; las espinas son cortas; las flores, amariposadas, de color amarillo y de tamaño entre 10 y 12 mm; el fruto es una legumbre pelosa de color negruzco-pardo.

Crece también el matagallos (Phlomis purpurea) que en muchos lugares bajo el encinar, forma extensiones más o menos densas, llegando a tomar tamaños en el tallo y porte algo sorprendentes. El espino majoleto o Majuelo (Crataegus monogyna), arbusto de 2 a 4 m de alto, de hoja caduca y con una ramificación muy densa, con numerosas espinas de 1 cm. de longitud, un poco curvas y resistentes; el tronco es de color pardo-grisáceo, y las ramillas son rojizas y amarillentas las más juveniles; florece entre abril y mayo, dispuestas en ramilletes de color blanco a blanco-rosadas; su fruto es de un solo hueso, rojo, globoso y de sabor insípido y escasamente dulce, harinoso, llegando a madurar en los meses de septiembre a octubre y aunque no es muy abundante, existen grandes retales repartidos por toda lasierra, algunos de ellos de tamaños y longevidad realmente sorprendentes que crecen aislados en determinados parajes.

En los lugares frescos que poseen suelos profundos la encina esbeltea junto al quejigo (Quercus faginea), aunque este árbol, familia de los Quercus, no soporta las altas temperaturas a las que la encina se adapta mejor, como hemos comentado anteriormente.                                 

 

 

Atardecer sobre la Sierra del Pinar. A. Barroso
La Gente de la Sierra. Foto. A Barroso
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© Antonio Barroso Robles

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